Capítulo 3: La Negativa de Daiana
El teléfono vibró sobre la mesa, y Daiana levantó la vista al ver el nombre de Einar en la pantalla. Era la tercera llamada que recibía esa semana y recién era lunes (xd). Sus dedos vacilaron por un momento antes de contestar. Sabía lo que significaba esa llamada, pero no estaba segura de estar lista para la conversación.
—Hola —dijo Daiana, con tono distraído.
—Oye, Dai. ¿Cómo estás? —Einar respondió con su tono
habitual, tan comprensivo, tan cálido, que Daiana sintió una punzada de
incomodidad. Sabía que él siempre estaba dispuesto a escucharla, pero en ese
momento, no quería compartir lo que sentía.
—Bien, aquí, buscando qué hacer con mi vida —respondió ella,
sin mucha energía.
—Eso está bien, pero… ¿has considerado lo que hablamos
antes? El proyecto. ¿El café? —Einar preguntó con cautela, como si estuviera
probando las aguas. Daiana frunció el ceño al oírlo. En realidad, no quería
pensar en eso, en ese sueño compartido que ella había dejado atrás para poder
enfocarse en lo que pensaba que sería una vida más "estable".
—Ya te dije que no. —La respuesta de Daiana fue tajante,
aunque su voz no pudo evitar traicionar un leve rastro de duda—. No estoy lista
para eso. No soy como ellos. No encajó.
Einar suspiro del otro lado de la linea. Sabía que la
respuesta no sería fácil, pero había algo que lo impulsaba a insistir. Algo más
grande que solo el deseo de tenerla en el proyecto. Quería que ella viera su
propio valor, que superara las barreras que ella misma se había impuesto.
—Dai, sé que no te resulta fácil. Entiendo lo que sientes.
Pero precisamente por eso necesitamos que estés con nosotros. El grupo… el negocio…
necesitamos a todos. No es solo el proyecto. Es que no podemos hacerlo sin ti.
Sé que te sientes atrapada, pero el grupo te necesita. Tienes una perspectiva
única. Eres increíblemente inteligente y más capaz de lo que crees.
Daiana presionó los labios, la incomodidad creciendo dentro
de ella. Sabía que Einar decía la verdad, pero la idea de ser parte de algo tan
grande, de unirse al grupo, le generaba miedo. Miedo a las expectativas que
recaerían sobre ella, miedo a no ser suficiente. La idea de ir al frente la
aterraba. Había sido el rol que había asumido toda su vida, y ya no quería
cargar con la responsabilidad de ser la "perfecta".
—No es tan fácil, Einar —respondió, su tono comenzando a
adquirir un matiz de frustración—. Yo… no quiero ser parte de otro proyecto que
fracase. No quiero quedarme atrapada en algo que no puedo controlar. No quiero
que mi vida dependa de eso.
—Dai, no tienes que controlarlo todo. Nadie te pide que sea
perfecto. —La voz de Einar era sincera—. Lo que necesitamos es tu capacidad
para ver las cosas de manera diferente. Lo que no sabes es que nosotros
necesitamos más que solo ideas brillantes. Necesitamos un equipo. Un grupo que
se apoya en todo momento, que se comprende. No serás la única que esté lidiando
con sus inseguridades, todos lo que hacemos.
Daiana cerró los ojos, la calidez de sus palabras la tocó en
algún rincón olvidado de su corazón. Pero rápidamente, cerró esa parte de sí
misma, como si la vulnerabilidad fuera un enemigo.
—No sé si estoy lista, Einar —respondió, apretando los
puños—. No quiero que esto sea una forma de escapar de lo que realmente
necesito hacer.
Einar, entonces, fue más directo. Dejó caer la corazónada
que lo había estado impulsando durante toda la llamada.
—Lo que estoy diciendo, Daiana, es que no tienes que hacer
esto sola. Y no estamos pidiendo que seas perfecta. Te necesitamos por lo que
eres. Este grupo... nosotros, somos más que solo un proyecto. Somos algo que te
va a dar fuerzas cuando lo necesitas, porque todos vamos a ser vulnerables. Yo
también lo soy, y no tengo miedo de decirlo. El grupo está incompleto sin ti.
Tú eres parte de este sueño, no por lo que hagas, sino por lo que eres.
Hubo un silencio largo, durante el cual Daiana sintió que
algo se rompía dentro de ella, un pequeño resquicio de su fortaleza rota. No se
trataba de controlarlo todo, sino de aceptar la incertidumbre.
—No puedo prometer que será fácil —susurró Daiana
finalmente.
—No te pido promesas. Solo quiero que estés aquí. El resto
lo podemos construir juntos.
El peso de las palabras de Einar se asentó sobre ella, y por
primera vez en mucho tiempo, Daiana se permitió pensar en la posibilidad de ser
parte de algo que la aceptara tal como era, sin máscaras ni expectativas de
perfección. No tenía que controlar todo, no tenía que ser perfecta. Solo
necesitaba ser ella misma.
—Está bien. —La respuesta salió de su boca casi como un
susurro. No estaba completamente segura de que fuera lo correcto, pero algo
dentro de ella sabía que debía intentarlo. Intentarlo por ella misma, por el
grupo, por el futuro.
—Te espero. —La voz de Einar estaba llena de un entusiasmo
que la hizo sonreír débilmente.
Daiana colgó el teléfono, dejando que el peso de la decisión
la envolviera. Sabía que dar este paso sería difícil, pero al menos,
—por primera vez, sentí que había algo más allá del miedo.
Algo que valía la pena intentar. — susurro
FIN DEL CAPITULO 3
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